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(de los 2 últimos meses)
11月27日 En mi narizMe estoy hurgando la nariz. Mi jefe está de mal humor pero yo me hurgo la nariz mientras él está en la sala de reuniones tratando de escapar de los laberintos carentes de principios lógicos de cláusulas contractuales asesinas.
Yo no hago nada al respecto, he revisado la cláusula y no estoy de acuerdo con ella. Mi jefe tampoco, pero debe encontrar la manera de estar de acuerdo o no hay contrato. Es una cosa muy dramática el Derecho. Hemos hecho todos los cambios posibles para intentar que la bendita cláusula se adapte a la razón humana, pero todos han sido rechazados. Yo ya me di por vencida, le he dado todas las vueltas posibles, la última estocada deberá de enfrentarla mi jefe, solo, con la cara pintada de azul y la faldita de William Wallace. Es toda una historia depresiva el estar sentada aquí en la oficina sin ventanas y sin luz natural, con un fluorescente gigante colgando sobre mi cabeza; un lugar donde la música se ha quedado flotando en los años 60 (y no me refiero a la buena música de los 60, sino a las baladitas insoportable de radios terribles como “La inolvidable”). Los sucesos no pasan de las tragedias mencionadas, de la frustración de las circunstancias inmodificables y de los cientos de “Peruanos” (me refiero al diario de normas legales) apilados a lado mío. Pero yo me hurgo la nariz, y a veces hasta voy al baño y me reviento algún barrito. Esta clase de mundo paralelo -me digo a mí misma- no tiene nada que ver conmigo. Así lo he decidido. Mi jefe sale despeinado de la sala de reuniones, y al igual que William Wallace, parece haber perdido también alguna que otra extremidad allí adentro. Yo dejo de hurgarme la nariz, voy detrás de él, trato de convencerlo de que hizo lo posible y que la responsabilidad al fin y al cabo siempre descansa en gerencia. Después de todo, si por nosotros hubiese sido nos hubiesemos retirado de las negociaciones. No nos convenía que hubiera contrato, no era sano ligarnos a esa gente por tantos años….nosotros lo sabíamos porque conocíamos la estructura legal y era sencillamente imposible. Pero cuando hay dinero involucrado la gente no ve la estructura legal y sólo cuando se dan de narices recién se acuerdan de ello. Dejo solo a mi jefe, necesita meditar en su frustración y en el laberinto de anti sentido que existe en este lugar. Me voy a mi computadora, y luego de actualizar los índices legales me pongo a revisar correos, es lo único que puedo hacer, soy casi un ente sin forma ni color, desparramada en esta enorme silla gris de oficina. Un amigo que casi siempre está desaparecido me escribe: “Querida Calamidad he terminado por cansarme. No soporto más al tío con cara de puño que me mira en este momento. Su mirada lasciva y pervertida me confirma sus tendencias homosexuales. La única forma de que cese el cansancio sería ascender a un puesto mejor, por supuesto. Pero la única forma de ascender a un puesto mejor sería acostándome con el pervertido; por lo tanto la única manera de hacer soportable al pervertido sería ascender por mis favores sexuales. El único problema está en que no creo que realmente pueda soportar acostarme con él….es irónico, para soportarlo tengo que soportar su insoportable compañía sexual.” Me carcajeo un poco, otros la pasan peor que yo, y para mi el mundo es maravilloso siempre que otros la pasan peor que yo. Me inclino hacia atrás y observo mi florescente, me muero de ganas de fumar pero no se puede fumar en el trabajo, no existen áreas para fumadores ni nada parecido. Eso significa que debo pasar 6 horas sin fumar en toda esta entelequia de frustración constante; creo que por eso me vuelvo susceptible. A estas alturas del día vivo colgada del reloj…espero con ansias la hora del almuerzo para comer en 10 minutos y salir corriendo a fumarme un cigarrillo antes que el resto de los 45 minutos que tengo terminen. Además que luego del almuerzo mi jefe se va y yo no hago nada hasta mi hora de irme a la universidad. Empiezo a sentirme una masa que se derrite sobre su asiento, tengo sueño, me duele la espalda, estoy aburrida, odio los contratos, mi jefe ha de estar cometiendo sepuku en su oficina, todo está de cabeza, ahora soy literalmente Alicia en el espejo. Empiezo a pensar que un meteorito caera en cualquier momento y destruirá el lugar, empiezo a imaginar como el fuego llega a mis pies y me consume por completo, siento el olor a carne quemada, siento como me deshago de apocos.
Luego depierto, había estado dormitando. En realidad estoy un poco muerta, después de todo aquí se muere todos los días; de aburrimiento, de tedio, de frustración.
No quedan muchas opciones, inclino la cabeza y observo la pantalla de la computadora; no hay nada, me hurgo la nariz. Tra...tragicomediasPrimer Acto: A Santa Calamidad le dan un tortazo en la cara Segundo Acto: Santa Calamidad se limpia los ojos, grita “gilipollas!” –para darle a la escena un estilo dramático y huachafamente español mientras que a la vez piensa en como diablos se escribe la bendita palabrita- luego, se acerca al bastardo del tortazo y le patea la cara Tercer Acto: Una muchedumbre enardecida se abalanza sobre santa calamidad, quema sus cabellos, golpea su rostro y vientre y le gritan: “La próxima vez piensa bien y pon la otra mejilla” ¿Cómo se llama la obra? El desbarajuste existencial, majadero, contradictorio, inverosímil, estúpido, pérfido, lastimoso y patético de chan, chan, chan…..Santa Calamidad. Fin. ¬¬ creo que en eso puedo resumir mis días. Quizá exagero pero siento como si el universo decidiera desfogar toda su ira estúpida sobre mí por el mero hecho de ser yo. Todo debe de golpearme, me lo merezco por falsa, sin vergüenza, engreída y arrogante, por negarme a decir sí y a decir no. Mi destino de mártir y pecadora es claro, ¿no lo ven?, la próxima vez debo considerar más mis acciones, ja!…como si aquello de las consideraciones hubiese pasado alguna vez por mi cabeza, pfff!. Ayer hice de contadora y me puse a sacar cuentas. En total, el 93% de los que me conocen están enojados conmigo. Quizá de ese 93%, el 96% lo esté por causa justa, pero el otro 4% o tienen una causa desconocida o es un hobby muy divertido eso de embroncarse conmigo. No entiendo muy bien como va la cosa. Va, que no soy un amor de gente, yo lo sé; que soy bruta e impertinente todo el tiempo, que no me la paso pensando toda la noche en los sentimientos de otros que no sean yo, que no me quita el sueño realmente tratar de entender lo que están pensando los demás, que no soy tan fraternal o amical como para considerar a todo el mundo mi amigo. Así soy yo, y he tenido muchos problemas por ello, no es que en el fondo me interese algo el que otros estén embroncados conmigo, yo puedo andar caminando y encontrarme un muerto en el camino y me lo salto para continuar, así soy yo; sino que lo molesto es el conflicto en sí, no es conveniente andar embroncado con todo el universo, no es útil, luego uno se pierde en las calles y no tiene a quién preguntar la dirección, ¿entienden?, por tanto esto se resumen en la simplísima frase “Puede importarte un rábano la gente en general, pero por si a caso asegúrate de evitar los conflictos”. Creo que esa es la única lección valiosa de este año inútil. Tampoco es tan frío como lo cuento, de entre todas las personas que se embroncaron conmigo 2 sí me importaban, y lo digo en serio, hay muy poca gente que me importa o me agrada y todo eso. Sin embargo, no se que tan justo fue el motivo por el que se han embroncado conmigo, y esto porque sencillamente no lo conozco, así que por eso yo también estoy embroncada y esto sí es una justa causa. Verán, creo que si alguien se embronca con alguien tiene que tener la decencia mínima de escupírselo en la cara, decirle formalmente “Hey hoy rompemos relaciones diplomáticas” por carta, teléfono, e mail, paloma mensajera, telegrama, etc. O simplemente va y le rompe la cara al tío en cuestión y ya, allí se sobrentiende mejor el mensaje, ¿no creen? Pero si a uno dejan de hablarle, lo evaden, rompen todo tipo de comunicación y desaparecen así de la nada….es estúpido. Ese tipo de cosas me encabronan a mí y me dan ganas de mandar todo al demonio porque al final la humanidad es muy compleja y me cuesta lidiar con ella. Prefiero seguir siendo una bruta, una animal, una tía sin maneras y vivir en mi estado de involución constante como primate que seguirme ganando desaires que ni siquiera puedo comprender. Yo soy como soy por naturaleza, ya he tenido muchos traumas adolescentes tratando de cambiar, de borrar mi rostro y todo eso, y no me ha funcionado nada, así que ya me rendí ante el poder de la genética, y es así que me voy a quedar. La soledad es el mejor lugar para quienes no pueden comprender el valor del calor humano. Yo no lo comprendo, lo juro, casi siempre la idea se me presenta repugnante, pienso en gente con pelo en las axilas y olores escondidos con “Heno de Pravia” abrazándose entre sí, colocando aquella axila con pelos y sudor sobre el hombro del otro…y sonriendo porque es su deber estar juntos. En serio pienso en eso! Creo que la gente se junta la una con la otra porque es como un deber eso de tener que estar con alguien. Es un deber eso de andar juntos y un pecado andar solo, si alguien está solo o es un gay de closet o está destinado a ser monje….no tiene sentido. Tampoco es que yo rechace radicalmente la idea de la compañía, alguna vez pensé que sería genial tener a un Robín a mi costado o a un buen Sancho, claro que sí, pero conforme he visto como es que soy yo y como es mi relación con el mundo, se me hace muy difícil pensar ahora que eso de tener un Robín o un Sancho pueda ser posible. También me enterneció mucho el deber moral de buscar una rosa para protegerla como se decía en el principito. Pero yo he ido por el mundo así, tratando de ver más allá de lo evidente y sin espada del augurio y no he visto nada, nada ha enternecido mis vísceras, nada ha conmovido mis riñones, nada ha sacudido mi corazón. Así que de nuevo volvemos al comienzo de esta historia en la que santa calamidad recibe las patadas del mundo y las recibe con plena conciencia de sus pecados y sin decir ni pío porque admite su culpa. Sin embargo, a penas me suelten verán, les romperé el hígado, descolgaré sus próstatas y reventaré sus úteros. Lo siento, sólo tengo un leve nivel de santidad…. He ahí el problema…. ¿debería dejar de andar buscando devolver los golpes que me dan? Al menos por conveniencia sí, habrá que recordar la moraleja plasmada en líneas anteriores Por tanto declaro…santa calamidad se rinde temporalmente A ver que tanto me dura o que tanto gano con esto… Un “amén “ por mi por favor… 9月6日 SnifY la palabra más trascendental que he aprendido en mi vida siempre ha sido “Mierda” Y las cosas por las que he reído o llorado siempre han oscilado entre los grotesco y lo trivial Y aún así he girado y girado y he mentido con solemnidad Y he sido buena y he sido mala y he sido algo al fin y al cabo Y afuera hay gentes con las cabezas repletas de pájaros, acompasando sus palabras, sus latidos y sus pasos. Y yo sólo estoy aquí, sonándome la nariz, mirando al cielo, suspirando sólo porque si. Mi mente entonces se posa sobre la palabra “mierda”, mientras escribo sobre la pena y el desencanto Mientras tanto, mi perro, con ojos tristes y pesados y con una pereza eterna, asesina pájaros. Probablemente, probablemente, aquellos, los mismos pájaros de las cabezas del resto”.
Estoy enferma y miserable, con mi rollo de papel higiénico de perritos a mi costado y mi taza enorme y humeante de alguna infusión que huele a rayos. Estoy deprimida, estoy deprimida, y odio que los días sean tan amarillos, que el tiempo no signifique absolutamente nada y que este tan estancada en mi estúpida trivialidad. Soy un ser autómata ahora, pienso que las cosas buenas están enmascaradas y que odio muchísimo que toda la gente a la que alguna vez he amado u odiado se hayan ido. Siento que no hay una sola partícula en mi cuerpo que no haya sido usada por el mundo. Quizá soy la pieza – artefacto de la historia, la clase de ser que siempre es dejado atrás, el personaje demasiado secundario, la clase de estúpido que nunca entiende nada, que siempre involuciona, que está maldito con aquella concepción anti todo. Soy un ser anti todo, sí. Y no puedo evitar decir cosas de más, pero odio tanto cuando todos sonríen por cosas en vano, cuando ríen y carcajean por cosas de tan bajo calibre, La risa no debe ser desperdiciada tan a la ligera!. Últimamente no hay ningún tipo de cosas que me sorprenda en alguien. Últimamente todos son absolutamente iguales Como decía Sartre: “Ama a tu prójimo, a ver si puedes”
8月17日 Festividades y CarnavalesHoy, para variar, tengo 80 mil cigarrillos en los pulmones, y me fumo uno más, mientras tecleo cosas sin sentido para ver si así alcanzo alguna idea, porque he vuelto a perderme, siempre me estoy perdiendo y estoy perdida ahora, otra vez, como siempre. Hoy, la pregunta del millón es: ¿Cuál es la diferencia entre una broma y todo lo demás?. Realmente no lo entiendo, no puedo encontrar diferencia alguna entre una broma y todo esto. Me perturba el orgullo o el entusiasmo sin sentido que le tiene todo el mundo a las cosas. Cuando alguien se emociona de más por algo tan trivial no puedo evitar caer en la cuenta de esta mofa universal. No sé, nunca sé. En realidad nunca estoy segura de nada, pero en verdad tengo una gran molestia por todo este exceso de arrebato que toda la gente exhala, con cara de animales disecados, por festividades y cosas así. En estas fechas extrañas, donde se exalta un pasado anulado, perdido e intencionalmente modificado por el tiempo; con ancestros irreconocibles y genéticamente distintos a todos nosotros. Muertos con los que pretendemos llegar a tener algún tipo de identidad para no perder los estribos en este juego existencial de tener que sentirnos, ingenuamente, todos unidos y encontrar una meta en común. Lo lamento, no creo en todas estas tonterías. No creo que nadie, que no comparta el ADN conmigo, sea mi hermano. No creo en nada tan absurdo como que la historia nos haya unido. Yo no soy parte de la historia de nadie, ni me interesa terminar en las páginas -garabateadas con bigotes sobre las fotografías- de los libros de historia de escolares perturbados. No creo en el falso heroísmo del pasado, ni en la fervorosa lucha hacia quien sabe qué que siempre se quiere contar en la historia, ni mucho menos en las frases celebres y patéticas talladas en pedazos de sillar amarillentos. Me parece una cosa muy deprimente siquiera pensar en ello. Sencillamente no me creo algo producto de. ¡El absurdo de todo esto es avasallador! En medio de un carnaval deplorable, donde sacrifican las hermosas polleras de danzas coloridas por retazos de tela para mostrar las piernas, donde cada esquina de las calles sufren el asco de la basura producto del exceso de entusiasmo de gente estúpida, donde cada poste es bañado en orines mientras se gritan con torpeza poemas loncos que no dicen algo más interesante que tonterías como odas a sus burros, o huachafeadas pervertidas. “¡Esto es nuestro pasado!”, gritan, mientras la gente bebe cantidades inconmensurables de cerveza y los niños moquean entre los ruidos estruendosos de fuegos artificiales caseros, que se supone son peligrosos, pero nunca en fiestas como estas. “¡Esta es nuestra tradición!”, gritan. Y recuerdan el pasado turbulento, donde bastaba tomar las armas y ser un enajenado mental o un bárbaro para hacer que todo el mundo responda como uno quisiera. Y se conmueven todos y dicen “¡deberíamos regresar a aquellos tiempos dorados!” Y yo los miro a todos con cierta vergüenza, pensando en que el 80% ni siquiera nació aquí, pero quieren ese pasado y yo se los regalo, porque yo nací aquí pero estoy segura al 100% que no tengo nada que ver. Y así, para hacer más pomposa la cosa, se inventan un millón de tonterías celebrables y premiables. Y premian cosas que no entienden, pero premian, y celebran cosas sin sentido, pero lo hacen. Y yo lo único que agradezco de estas fiestas es que mañana no tendré que trabajar y podre quedarme aquí en cama, tapándome la cara, porque yo realmente no soy hermana de nadie, ni me interesa participar del espectáculo éste de tener un motivo excéntrico para beber y enseñar las piernas. Y aquí estoy ahora, sin poder dormir por todo este ruido enfermo de las calles, matando mis pulmones y sintiéndome ajena como siempre a esta ciudad y al absurdo de toda esta gente con orgullos tan solemnes como estos. Disfruten de su orgullo, de su basura, de su ingenuidad, de sus piernas y sus orines. Disfruten y beban idolatrando al ridículo de Melgar y avivando su sadismo contemplando a dos pobres toros desangrándose entre sí. Disfruten de sus frases célebres sin sentido, y de sus presidentes regionales y sus festivales exitosos donde se baila música estridente y se venden autos espectaculares, disfruten, disfruten, izando una bandera enorme y cantando un himno incomprensible, gritemos todos: ¡Gloria!, ¡Gloria!, ¡Gloria!, ¡Gloria!. |
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